LA CEGUERA DE LAS IMÁGENES.

Un blog de fotografía, sin fotografía.

Recorridos paralelos al mundo de las imágenes y la fotografía. 

La realidad del paseo. 29/01/2020

Hoy es un miércoles más. Sin prisa ni abreviaturas. Paseos matinales de miércoles; soporíferos, aburridos, necios. Contar baldosas grises sin pisar las juntas hasta llegar al destino. Por fín esa baldosa rota.

El sentido de la percepción ha cambiado. Cuesta mirar si no es a través de la visión rápida de una imagen. Las fotografías son la norma de la apariencia de lo cierto, pero de lo que nunca existió. El motivo de la existencia es la culminación en una instantánea. Dotarla del sentido de la certeza y de la realidad a través de una visión.

La realidad del paseo se acaba de convertir en una simple fotografía en el cerebro, y está aquí escrita. Las otras miles de realidades inventadas siempre estuvieron ahí, y solo cada uno las podrá ver.

No se asemejan absolutamente en nada.

El artista y el trabajador. El poder de lo visual. 15/01/2020

Arte: Actividad en la que el hombre recrea, con una finalidad estética, un aspecto de la realidad o un sentimiento en formas bellas valiéndose de la materia, la imagen o el sonido.

Artista: Persona que cultiva alguna de las bellas artes. Dotada de la capacidad o habilidad necesarias para algunas de las bellas artes.

Artesano: Persona que ejercita un arte u oficio meramente mecánico. Modernamente para referirse a quien hace por su cuenta objetos de uso doméstico imprimiéndoles un sello personal, a diferencia del obrero fabril.

Trabajador: Persona que trabaja. Que tiene un trabajo retribuido.

Por un lado, existe la aspiración y seducción de llegar a ser un artista sobre todas las otras opciones. La humanidad no se merece menos de nosotros, por supuesto.

Intentar definirse – y posicionarse –  dentro de cualquiera de estos grupos, o incluso en varios de ellos a la vez, es un buen ejercicio de humildad y honestidad, y en cierto modo, de una gran  dosis de insulto a cualquier tipo de inteligencia. Sobre todo si tenemos en cuenta la enorme diferencia de significado y connotación de estatus social y económico que existe de manera intrínseca, intencionada y voluntaria en cada una de las definiciones. (En caso de duda, se ruega volver a leer con calma el apartado de definiciones, y de notas y referencia bibliográficas de interés al final de esta entrada).

Este deseo irrefrenable sólo se podría concebir, si con los procesos de trabajo que preceden y proceden a la finalización de una pieza fotográfica por parte del trabajador, se es capaz de disfrutar y generar a su vez un proceso de opinión crítica, seguido de una utilidad tangible para el propio trabajador y para su entorno. Bien pueda ser cultural, educativo, crítico, de transformación de pensamiento y/u opinión, constructivo, y en ocasiones, también destructivo, el poder de lo visual que se ejerce sobre nuestras sensibilidades, no deja de ser sino una gran y densa columna de humo. Volátil y efímera. Pasamos demasiado rápido e través de ella. Dependiendo del uso de los recursos visuales por parte de los artistas, artesanos o trabajadores, la columna es más o menos tóxica.

El virtuosismo y mercantilismo en la industria del arte y de lo visual, la vanidad y soberbia del artista, el ego y la arrogancia de los profesionales, así como la pérdida de perspectiva real y desprecio hacia el significado y el valor real del trabajo y hacia el trabajador, nos conducen a un camino demasiado extenso, y falto de un pausado y necesario análisis de autocrítica, constructiva y destructiva.

Por otra parte, el despliegue extensivo (que no democratización) de la fotografía, hasta niveles inesperados por parte del mercado, la sociedad y el individuo, ha conseguido que se haya instalado la práctica de lo visual y lo fotográfico de manera permanente. (redes sociales, dispositivos móviles, etc.)

Así, en los últimos tiempos se han ido difuminando los límites – y esto es una realidad –  trazados por la industria, por la sociedad y por el individuo;  y  más en concreto, entre el concepto del artista, del trabajador visual y un último y nuevo componente añadido: el público.

Desaparecen las distancias entre:

  • Artista y fotógrafo; entendida entre ese individuo con exclusividad y privilegio con un talento extremo de lo visual, sobre el resto de los profesionales.
  • Fotógrafo y público; entendida bajo la visión del trabajador sobre el considerado por muchos como intruso.

Por último, cabe decir que también se distancian y con mucha diferencia, los resultados visuales donde los procesos de trabajo y el trabajo en sí mismo tiene un gran protagonismo (bien procedan de un artista, un fotógrafo, un trabajador visual o el propio público), de aquellos resultados que se asientan sobre aquella enorme cortina de humo. Afortunadamente, el sector del trabajo fotográfico, y fuera de él, está lleno de buenos trabajadores y buenos trabajos. Una realidad innegable.

Para mí, observar consiste en tener la posibilidad de contemplar y disfrutar todo ese trabajo. Y escogerlo de este modo.

Estoy seguro de que ya habrá alguien que esté deseando definirlo como arte.

NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS DE INTERÉS.

“El arte, esa actividad por encima del trabajo mundano, terrenal y banal. El arte le permite a los artistas utilizar ese lenguaje metafórico que nos permite expresar la experiencia de lo sublime, de lo cotidiano, de la finitud y la infinitud, de lo sagrado y lo mundano.” 

“El genio es un tipo de sujeto único e irrepetible, con talentos y habilidades extraordinarias, que se sitúan sobre el común de los mortales y cuya obra merece ser admirada por los demás”.

(Contra el arte y contra el artista. Colectivo Desface. Santiago de Chile. 2012)

“En la sociedad capitalista se representa a los artistas como seres dotados de una subjetividad privilegiada, de una insólita unidad entre el yo y el trabajo”.

“El arte ofrece a los espectadores una trascendencia imaginaria, una falsa armonía”.

(Efecto Real. Debates posmodernos sobre fotografía. Jorge Ribalta. 2004)

La ceguera de las imágenes. 08/01/2020

Nada nuevo bajo el sol, un día más sin hacer ni una sola fotografía.

La confirmación de la realidad – la realidad de cada uno, bien sea inventada, manipulada, sesgada o bien desvirtuada- a través de la compulsión a fotografiar, más que un nuevo concepto de nuestro tiempo, no es sino una continuación más del proceso al que (nos) sometemos a nuestras propias vidas, nuestro entorno y nuestra incapacidad de controlar aquello que a día de hoy, no sabemos detectar a ciencia cierta de qué se trata.
 
No es ni mucho menos un comportamiento nuevo. No, no somos los elegidos de la historia de la Humanidad. Siento fastidiaros el día.
La intención cariñosa de conservar recuerdos y momentos fugaces en un pequeño álbum familiar, y en el que en multitud de ocasiones ni tan siquiera aparecíamos, ya no existe.
 
Ya no es suficiente con cerrar los ojos para rememorar el vago recuerdo del roce incómodo del traje de fin de curso de guardería, ni el olor de las velas apagadas cuando soplaste aquella tarta que tanto costó comprar a tus padres, ni el chasquido de huesos que sufriste cuando no querías subir a la noria en tu primera feria. Ni la sensación de cuando tocaste tímidamente aquella pared en tu visita a la Alhambra, ni el olor a pino en el paseo hacia lo inesperado a lo largo de aquella vereda. Ni mucho menos el sonido estremecedor del silencio detrás aquel beso, y qué decir del sabor de esa pera robada  del cortijo del vecino mientras tus primos corrían para culparte a tí de semejante fechoría. El aroma a té negro con trocitos de naranja.
 
Hoy, bajo este mismo sol, no sólo hay que ser el partícipe o el protagonista de todos los recuerdos, sino ser el propio recuerdo. No sólo hay que vivir la experiencia en su máximo apogeo y totalidad, sino ser la experiencia por excelencia.
Acumular, devorar, consumir todas las imágenes que estén a nuestro alcance.
 
Aunque lo más importante de todo -no se puede olvidar- es deber mostrarlo. Ya sabemos de sobra cómo y dónde hacerlo. Que el mundo lo sepa. Cegarnos de felicidad visual y virtual desbordante y mostrar esa imagen sólida, perfecta, limpia y lejana de todo margen de error. El resto no aporta, no suma, no importa, aburre. No sirve. No nos sirve.
 
Lo único que hace que pueda seguir saliendo el sol delante de nuestros ojos, un día más, es el hecho de que sin foto, ya es bien  sabido que no hay paraíso.
 
Elijo otro paraíso, aquel que alberga esos recuerdos ciegos que la fotografía nunca me va a robar.
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